Y te observo recurrir a las teclas de ese piano como si fuese lo único que te entendiera.
Y me siento en algún remoto rincón de mí a escucharte, a volverme el sonido de tu melodía.
¿Es esa tu forma de comunicarte? Te pregunto — pero las palabras jamás abandonan mi mente ni salen por mis labios.
Ya sé que no me hablas a mí. Que no me dices nada.
Pero aquello me lo tomo tan personal que termino amándote sin remedio.

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